M30OPI
Queridos amigos,
Uno de los elementos de mi personalidad
es el respeto de las opiniones de los demás y la convivencia con quien no está
de acuerdo conmigo. Con el tiempo, me he dado cuenta de que esta posición, y mi
deseo de no agraviar a los que estimo, me lleva a guardarme algunos puntos de
vista que no son nada populares y que seguramente a unos u otros de ustedes les
causarán rechazo, desagrado o un franco deseo de sacarme los riñones a través
de los orificios nasales.
Durante la próxima semana expondré Mis 30
Opiniones Políticamente Incorrectísimas (identificadas con las siglas M30OPI),
algunas de ellas requieren un lenguaje definitivamente vulgar, otras son
rabiosamente sexistas y no faltan las que ofenden los principios más difundidos
del gusto, la etiqueta o la moralidad. Algunas de ellas simplemente son
minoritarias. Política, religión, gustos culinarios, relaciones sentimentales,
en todos esos campos desarrollamos credos con los cuales nos identificamos
hasta el tuétano y nos resulta imposible entender cómo los demás no los
comparten sin que medien la idiocia, la mezquindad o alguna conspiración de la
CIA. Con el tiempo, acabamos fingiendo que nuestros seres próximos más o menos
comparten esos credos y una parte de mí ha decidido refutar esa ficción y
aprovechar este blog para externar los gustos y sentires que menos podrían
cuadrar con los de otros, pero que también forman parte de mi identidad.
Es muy probable que alguno de ustedes
secretamente comparta conmigo esas OPI, y existe la posibilidad de que alguno
se atreva a expresar en los comentarios (o al menos dé “me gusta”) su
aprobación. Sin embargo, no me extrañará recibir una andanada de comentarios de
rechazo o de franco desprecio. Por mi parte, algunas veces responderé con la
sana intención de mantener una discusión inteligente y fundada; no obstante,
también es probable que en el contexto del tema, y del comentario, el buen
gusto resulte una extravagancia prescindible
Sin duda, éste es un ejercicio de
exhibicionismo; pero en mi defensa sólo quiero señalar que en este país (como
en muchos), halagar babosamente al interlocutor es un rito obligatorio del que
quisiera prescindir aunque sea en este modesto espacio. Es más, a mí me encanta
agradar a la gente, una afición que no me hace sentir del todo orgulloso conmigo
mismo. No estoy muy seguro de que, tras esta exposición, todas mis amistades
sobrevivan; aun así confío en que mi familia me tolere y que mi matrimonio
perdure. Eso sí, seguro, no ganaré nuevos amigos; en el mejor de los casos
aspiro a que algunos de ustedes esbocen una sonrisa culpable y por un segundo
experimenten una inconfesable simpatía.
Con cariño,
Ricardo
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