sábado, junio 02, 2012


M30OPI


Queridos amigos,
Uno de los elementos de mi personalidad es el respeto de las opiniones de los demás y la convivencia con quien no está de acuerdo conmigo. Con el tiempo, me he dado cuenta de que esta posición, y mi deseo de no agraviar a los que estimo, me lleva a guardarme algunos puntos de vista que no son nada populares y que seguramente a unos u otros de ustedes les causarán rechazo, desagrado o un franco deseo de sacarme los riñones a través de los orificios nasales.
Durante la próxima semana expondré Mis 30 Opiniones Políticamente Incorrectísimas (identificadas con las siglas M30OPI), algunas de ellas requieren un lenguaje definitivamente vulgar, otras son rabiosamente sexistas y no faltan las que ofenden los principios más difundidos del gusto, la etiqueta o la moralidad. Algunas de ellas simplemente son minoritarias. Política, religión, gustos culinarios, relaciones sentimentales, en todos esos campos desarrollamos credos con los cuales nos identificamos hasta el tuétano y nos resulta imposible entender cómo los demás no los comparten sin que medien la idiocia, la mezquindad o alguna conspiración de la CIA. Con el tiempo, acabamos fingiendo que nuestros seres próximos más o menos comparten esos credos y una parte de mí ha decidido refutar esa ficción y aprovechar este blog para externar los gustos y sentires que menos podrían cuadrar con los de otros, pero que también forman parte de mi identidad.
Es muy probable que alguno de ustedes secretamente comparta conmigo esas OPI, y existe la posibilidad de que alguno se atreva a expresar en los comentarios (o al menos dé “me gusta”) su aprobación. Sin embargo, no me extrañará recibir una andanada de comentarios de rechazo o de franco desprecio. Por mi parte, algunas veces responderé con la sana intención de mantener una discusión inteligente y fundada; no obstante, también es probable que en el contexto del tema, y del comentario, el buen gusto resulte una extravagancia prescindible
Sin duda, éste es un ejercicio de exhibicionismo; pero en mi defensa sólo quiero señalar que en este país (como en muchos), halagar babosamente al interlocutor es un rito obligatorio del que quisiera prescindir aunque sea en este modesto espacio. Es más, a mí me encanta agradar a la gente, una afición que no me hace sentir del todo orgulloso conmigo mismo. No estoy muy seguro de que, tras esta exposición, todas mis amistades sobrevivan; aun así confío en que mi familia me tolere y que mi matrimonio perdure. Eso sí, seguro, no ganaré nuevos amigos; en el mejor de los casos aspiro a que algunos de ustedes esbocen una sonrisa culpable y por un segundo experimenten una inconfesable simpatía.
Con cariño,
Ricardo 

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