Éste es un tema que me apasiona. Desgraciadamente, la desmesura de mi ignorancia se refleja en dos formas: uno, creo que conozco mucho acerca del tema; dos, no encuentro la manera sencilla y amena de comunicarlo con mis conocidos.
Antes que nada, veo la complejidad como una interpretación del universo, como un enfoque; es decir, es algo lo suficientemente abstracto para ser mortalmente aburrido. En estas entregas intentaré hacer una sucesión de aproximaciones que resultarían apasionantes de leer si todos mis deseos se hicieran realidad. Luego plantearé algunos lineamientos básicos, y finalmente los usaré para explicar algunos de los temas que más me atraen.
La complejidad es el ambiente de los ambientes
Si ves un objeto y lo puedes tocar, no te cabe duda de que existe.
Lo primero para entender algo es aislarlo. Es decir, resulta más fácil entender las cosas fuera de su ambiente. Esta operación es muy sencilla y permite sacar conclusiones generales a partir de observaciones particulares: tocar con la punta del pie el agua y decidir si la temperatura de toda la piscina es agradable para nadar.
Entre otras cosas, esta habilidad sirve para no volverse locos; si encuentras una silla con el respaldo gastado, no vas a probar exhaustivamente su solidez antes de sentarte. La capacidad de análisis es tan útil y eficiente que puede confundirse con el sentido común; su margen de error es suficientemente reducido en la vida práctica que sólo excepcionalmente lo revisamos. Es más, decidimos que en ciertas circunstancias esta herramienta no es aplicable, por ejemplo en la salud personal o en los deportes-espectáculo. El que hoy goce de buena salud y no me exponga al frío o a un contagio no es garantía de mantenerme sano mañana; así como el Real Madrid no aseguró ningún trofeo al adquirir a los jugadores más cotizados del orbe.
Sin embargo, en esos universos aparentemente impredecibles también hay un margen de certidumbre. Es muy difícil que un paciente sufra un colapso durante los minutos que siguen a la revisión satisfactoria de su médico, como es muy improbable que un equipo se recupere de un 4-1 en los últimos dos minutos de un partido. Ocurre que esos universos también tienen un grado de certidumbre, pero es más limitado.
En el ejemplo de la piscina, por ejemplo, el tamaño de ésta es muy importante para conocer la validez de la prueba. Una alberca suficientemente grande para albergar corrientes, como muy exagerado ejemplo, hará muy dudoso el juicio que pueda tener nuestro pie. Para reemplazar este ejemplo tan fallido, les propongo escoger cualquier expresión del universo: la cantidad de horas que pueden utilizar Windows sin que deban reiniciar la computadora, la proporción de veces en que una moneda cae en sol o águila, el número de minutos con que varía el horario efectivo de salida de un avión, etcétera.
Cuando hayan escogido una expresión, podrán comprobar su comportamiento tiene un margen de certidumbre: dentro de ciertas magnitudes se puede tener una predicción de cierta exactitud. En 1000 lanzamientos de una moneda, la predicción de los totales se alejará poco del 50% y 50% (ponderando lo que pueda ser "poco"). En cambio, en un solo lanzamiento, seguimos sujetos a la emocionante incertidumbre de un volado.
Ahora que ya expliqué que la certidumbre y las capacidades de previsión y de análisis sólo pueden ocurrir en los estrechos márgenes de ciertas circunstancias, vale plantearse el mundo al revés. El mundo de lo imprevisible no es un conjunto de situaciones bizarras; al contrario, lo analizable es una singularidad.
La civilización y el progreso entendido según la cultura de los países de la OTAN (eufemísticamente llamada "occidental"), y de nosotros sus subordinados, consiste en colocar la mayor parte posible de nuestras vidas fuera del universo de lo impredecible. Que el tren llegue dentro del horario establecido, que el precio del petróleo no fluctúe demasiado, que cuentes contra un seguro de vida. Pero lo incierto sigue siendo el ambiente en el que nuestra cómoda burbuja se asienta, y ni el Grupo de los Ocho puede impedir que llueva en Barcelona en abril.
Además, incluso los fenómenos más regulares cuentan con pautas inciertas; después de cincuenta millones de lanzamientos de una moneda, el desgaste de los cantos (además de la salud mental del experimentador) será un factor muy importante en el conteo del resultado, por ejemplo.
La materia, si la vemos y si la tocamos, existe; pero si sólo por casualidad la podemos ver y tocar, ¿existe?
lunes, abril 04, 2005
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