martes, mayo 29, 2007

La complejidad II. Tom, lo muy complejo y lo sensato

En la entrega anterior (de hace casi dos años) propuse nuestra percepción del universo como una secuencia de muestras parciales. Una posibilidad que se derivaba de esta visión es que lo que consideremos como “la realidad” sólo sea un juicio erróneo basado en una muestra poco representativa. En esta segunda parte (de cuatro, por cierto), expongo el comportamiento como una revaloración constante de la parte del universo que nos resulta suficiente como muestra.

I

Uno de los principios más importantes del comportamiento de cualquier especie animal es sobreestimar los estímulos negativos. Como ejemplo, imaginemos a un pez, que podemos llamar Tom y que podemos identificar dentro de tantas especies a la vez curiosas y huidizas que habitan los arrecifes. Para este ejemplo, quiero que sólo consideremos dos factores de la vida de Tom: de un lado, la comida; del otro, la supervivencia (¡estamos renunciando a considerar el sexo!). Queda claro que un pez comestible más pequeño que Tom —un arenque, por ejemplo— queda del lado de las llamadas a alimentarse, de los impulsos positivos, digamos y que un predador de mayor tamaño —una barracuda, por decir algo— tendrá que considerarse en la categoría de aquello que llevará a Tom a huir, la de los impulsos negativos. La vida de Tom se parece a la nuestra en que constantemente transcurre entre los impulsos de los dos símbolos: oportunidades y riesgos.

Sin embargo, para que Tom sobreviva, no puede considerar con el mismo valor los impulsos de las dos categorías. Ejemplo:

1. Tom tiene ante sí los restos de un pescado cayendo lentamente hacia el fondo marino, tiene un 50% de posibilidades de nadar hasta ellos y pegarles un buen bocado antes de que queden fuera de su alcance.

2. En el camino de Tom hay un enorme mero saludable y alerta, de esos que tienen una boca más grande que la cabeza de un yucateco y que se alimentan absorviendo a peces descuidados y confiados. Si sigue su camino, Tom tiene un 50% de posibilidades de escapar del mero.

El marco de las decisiones de Tom es la conservación de la energía, un factor que a veces es estímulo positivo y a veces negativo. Es positivo porque el instinto de Tom lo llevará a tomar las decisiones que economicen esfuerzos; es negativo porque inhibe los consumos innecesarios de energía. Podemos decir que la decisión de esforzarse por el trozo de alimento a la deriva es una ecuación entre la energía que consume esta aventura y la energía que reporta al sistema este bocado (demos por sentado que se trata de un buen bocado).

Si Tom fracasa en su intento por alimentarse, siempre tendrá la opción de esperar una nueva oportunidad de alimentarse, quizás otra vez con un 50% de posibilidades de éxito. Pero si Tom se empeña en seguir su camino, la opción de fracasar no es tan generosa como para ofrecer una segunda oportunidad: una vez cazado por la barracuda, Tom no tendrá oportunidad de volver a tomar una decisión.

II

Por fortuna para Tom, la evolución ha dotado a mayoría de las especies animales con un instinto que sobrevalora los riesgos por encima de las oportunidades. ¿Qué tal si el riesgo con el barracuda sólo fuera el de quedar lesionado o mutilado? Para Tom esta opción sigue siendo indeseable, pues los peces heridos tienen posibilidades menores de sobrevivir. Si lo pensamos bien, tal vez ni siquiera una posibilidad de supervivencia del 20% vale la pena para correr un riesgo, en cambio, cazar una de cada cinco presas no es un mal récord para cualquier predador. Esta sobrevaloración de los peligros es un rasgo que caracteriza a las especies animales, desde los invertebrados hasta los humanos modernos.

David Kahneman, un psicólogo que ganó el “Nobel de economía”, describió un par de experimentos que prueban esta tendencia en los seres humanos. Él explica que las personas tenemos una tendencia irracional a evitar la pérdida, que tomamos decisiones poco sensatas movidos por el instinto que nos hace sobrevalorar el peligro.

Experimento 1

a) Te ofrecen un trabajo. El trabajo dura una hora y te pagan 500 euros por hacerlo. Sin embargo, hacer ese trabajo lleva un riesgo del 1 % de reducir tu expectativa de vida en un 10%. ¿Lo harías? ¿Te parece justo el salario? ¿Cuánto pedirías? ¿Y si el riesgo fuera de reducir tu expectativa de vida en 1%?

b) Te venden una pastilla. Esta pastilla cuesta 500 euros y al tomarla tienes el 1% de posibilidades de alargar tu vida un 10%. ¿La comprarías? ¿Qué opinas del precio?

Las respuestas a ambas preguntas generalmente tienden a pedir un salario más alto para a), en promedio 6.500 euros, y a considerar que comprarían la pastilla si ésta costara 11 euros. Supongamos que la expectativa de vida sea de 80 años: ¿Por qué la posibilidad de un año extra de vida es valorado en 14 céntimos y la de un año menos en 812 euros?

Experimento 2

Estás obligado a escoger una de las dos opciones siguientes:

Opción A: Tienes un 100% de probabilidades de perder 875 euros.

Opción B: Tienes 90% de perder 1.000 euros y 10% de no perder nada.

¿Cuál eliges?

Esta vez los resultados mostraron una fuerte preferencia por la opción B, las personas creemos que el sobreprecio de 125 euros bien vale la muy lejana probabilidad de no perder nada. ¿Por qué parece tan poco atractivo el escenario en que no hay “luz al final del túnel”? En el caso del primer experimento, ¿por qué vale más el riesgo sobre un año restado que sobre uno sumado?

III

Otra vez el universo de las probabilidades. ¿Recuerdan la reflexión acerca de la “percepción del universo”? En efecto, con las peripecias de Tom y los divertidos experimentos de Kahneman hemos comprobado que nuestra percepción del mundo no es racional… ¡afortunadamente! En el entorno de nuestras elecciones, tendemos a privilegiar aquellas que nos alejan de los riesgos… Perdón, ¿dije “de nuestras elecciones”? Debí decir “de nuestras percepciones”: antes siquiera de que empecemos a tomar una decisión, nuestro cerebro ya pasa las situaciones que comportan un riesgo con mayor vigor que las otras. Sobra decir que en nuestra percepción del universo, las situaciones concretas que pueden entrañar algún riesgo, reciben una prioridad especial. Este mecanismo es una defensa que la evolución nos ha legado; para alejarnos de los riesgos, nos aparta de ciertas decisiones, aunque éstas sean racionales.

Uno de los marcos favoritos para exponer el análisis de Kahneman es la posición del electorado estadounidense ante la presencia de su ejército en Irak. La mayoría de los análisis serios de la situación dan nulas posibilidades a la expedición de éxito, por lo que cada día que transcurre el gobierno de Bush invierte recursos en una operación inviable. A los ojos del elector, es posible que este escenario no sea tan claro, pero tampoco le resulta difícil percibir lo improbable que es el “éxito” de la aventura en el desierto. Al mismo tiempo, su gobierno no cesa de prometer un “regreso triunfal”, lo cual no significa que estas promesas tengan toda la credibilidad, pero sí que es posible crear un panorama con estas dos opciones:

1. Una aceptación realista de una pérdida total que exige sacar al ejército de Irak.

2. Una apuesta a que “algo” podría cambiar y que “tal vez” si se persevera por más tiempo, las promesas poco creíbles lleguen a materializarse.

Sí, también esto se parece mucho a la actitud del electorado mexicano ante sus políticos. En las elecciones con frecuencia se presentan personajes con muy poca credibilidad, pero que frecuentemente nos recuerdan los riesgos que más nos preocupan con sus palabras: “violencia”, “seguridad”, “desempleo” o “mano dura”. Sabemos que existen pocas posibilidades de que cumplan con lo que ofrecen, pero esa pequeña esperanza es como un niño consentido entre la multitud de factores que se mezclan en nuestras decisiones.

IV

En la vida real, las decisiones de Tom serán más difíciles y sus cálculos de probabilidades serán tan complejos que tendrá que "confiar en su instinto": quizás tenga que elegir entre dos posibilidades para alimentarse, aventurarse ante un riesgo muy lejano, percibir riesgos que aparentemente no existen o considerar la opción de pelear. Como ya dije antes, todavía estamos considerando un entorno sin decisiones relacionadas con el sexo y la reproducción, ¡para muchas especies la oportunidad de aportar genes a la siguiente generación es preferible a la muerte segura!

En ese entorno complejo, a Tom siempre le resultará útil ese sensato principio del comportamiento animal: dar mayor importancia a los riesgos. Creo que a Tom no le sirve de mucho unirse a nosotros a nuestra contemplación de la complejidad del cosmos.

Es muy probable que no podamos apreciar el universo en su plenitud. Quizás ni siquiera nuestras vidas en entornos tan cercanos como nuestros cuerpos o nuestras familias. Reflexionamos a partir de una muestra muy reducida de lo que nos rodea y esta muestra pocas veces está tomada de manera imparcial. Sin embargo, por fortuna también podemos ser conscientes de esos trucos que nos juega la sensatez de nuestro propio cerebro y pensar “por encima” de nuestras propias defensas, y ver más allá.

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